La industria de telecomunicaciones en México atraviesa un periodo de expansión sin precedentes impulsado por la demanda de conectividad de alto desempeño tanto en hogares como en empresas. El crecimiento del trabajo híbrido, el comercio electrónico y la llegada de nuevas plantas industriales ha obligado a los operadores a acelerar el despliegue de fibra óptica en zonas urbanas y corredores industriales.
Según datos del IFT, el tráfico de datos en México aumentó más de 28% en el último año, lo que ha motivado a compañías como Telmex, Totalplay, Megacable y operadores regionales a extender sus redes con miles de kilómetros adicionales de fibra. “La conectividad ya no es un servicio; es infraestructura crítica”, señaló el analista de telecomunicaciones Víctor Ángeles.
El nearshoring también ha impulsado inversiones en regiones del norte y Bajío, donde los parques industriales exigen conexiones dedicadas con baja latencia y alta disponibilidad. Los proveedores han respondido con redes metropolitanas y enlaces redundantes para garantizar continuidad operativa.
En el segmento residencial, los operadores han añadido planes más rápidos y equipos WiFi 6E para cubrir la creciente demanda de videoconferencias, streaming y gaming. La competencia se ha intensificado y ha reducido los precios promedio por megabit, beneficiando a millones de usuarios.
Las inversiones no solo buscan expansión, sino resiliencia. Los operadores trabajan en reforzar la redundancia de sus redes para evitar caídas masivas ante sismos, cortes eléctricos o vandalismo en ductos. Estos esfuerzos forman parte de una estrategia nacional para estabilizar la infraestructura digital.
El sector prevé que 2026 será un año de consolidación, con fusiones entre operadores regionales y nuevos acuerdos de compartición de infraestructura que permitirán llevar conectividad de alta velocidad a zonas donde hoy no es rentable proveer el servicio.
