Brian May y los centros de datos: cómo el enojo de una leyenda del rock destapó el costo real de la IA

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El guitarrista de Queen pidió a Meta AI recrear la portada de “The Game” (1980). El resultado fallido derivó en una advertencia sobre los centros de datos que se multiplican en el Reino Unido: un debate donde se cruzan energía, agua, dinero y soberanía tecnológica
Aramis Flores

Bastó una portada mal recreada para que Brian May transformara una anécdota digital en un alegato contra la inteligencia artificial. El guitarrista de Queen, de 79 años, contó en Instagram que pidió a Meta AI reproducir la carátula de “The Game”, el álbum que la banda publicó en 1980, y que el resultado fue tan deficiente que lo empujó a una reflexión mayor. “¿Este es el tipo de inteligencia que pronto gobernará el mundo?”, ironizó, antes de sentenciar que, ahora en serio, cree que “el precio que estamos a punto de pagar por este desarrollo ‘inevitable’ es demasiado alto”.

De la portada fallida a la infraestructura

May no se detuvo en la crítica al software. Su verdadero blanco fue el andamiaje físico que hace posible la IA: los centros de datos. “No debemos permitir que se construyan estos horrendos centros de datos en el Reino Unido. Destruirán nuestro hermoso país, como ya están destruyendo la hermosa América”, escribió. El músico cerró la publicación con un llamado directo a alguien identificado solo como “Andy”, a quien pidió “detenerlo antes de que sea demasiado tarde”; no aclaró la identidad del destinatario. Meta, según los medios británicos que reprodujeron el mensaje, fue contactada para comentar.

Un reclamo viral con base real

Más allá del tono, la inquietud de May coincide con uno de los debates de infraestructura más intensos del Reino Unido. El país ya alberga cerca de 477 centros de datos y tiene alrededor de 100 más en camino, según reportes de la BBC retomados por TechRadar, impulsados por la demanda de IA y financiados en buena medida por gigantes tecnológicos estadounidenses.

El caso más reciente lo protagoniza Equinix, que anunció una inversión de 3 mil 900 millones de libras en un terreno de 85 acres en South Mimms, Hertfordshire, para levantar un centro con 250 megavatios de capacidad de procesamiento hacia 2030. El gobierno celebró el anuncio: la secretaria de Tecnología, Liz Kendall, lo calificó como “una gran victoria para Gran Bretaña”, en línea con su ambición de “desatar la IA” sobre toda la economía.

Energía, agua y la factura del consumidor

Los números explican la preocupación. Los centros de datos consumen hoy alrededor del 2.5% de la electricidad del Reino Unido, pero el Operador Nacional del Sistema Energético (NESO) prevé que esa demanda se cuadruplique hacia 2030. En sede parlamentaria se estimó que el consumo eléctrico del sector podría pasar de 7 a 62 teravatios-hora rumbo a 2050.

El agua es el otro frente. Un centro de datos mediano consume cerca de 416,395,000 de litros al año para refrigerarse, y los más grandes pueden alcanzar los 18.93 millones de litros diarios. En Estados Unidos, esa “hermosa América” que menciona May, algunas comunidades vecinas a estas instalaciones han reportado pérdida de acceso a agua potable y alzas en sus recibos de energía, un antecedente que alimenta el temor británico a que el consumidor termine pagando la cuenta.

Infraestructura crítica frente a impacto local

El gobierno del Reino Unido designó a los centros de datos como infraestructura nacional crítica, lo que les otorga protecciones de planeación similares a las de las redes eléctricas o los embalses. La medida acelera los proyectos, pero también tensa la relación con comunidades y grupos ambientalistas. El propio Parlamento abrió en 2026 una investigación sobre los riesgos y oportunidades para la sostenibilidad del sector, mientras persisten los cuellos de botella: conectar un nuevo centro de 50 MW a la red en Londres toma, en promedio, siete años, según la consultora JLL.

El costo tampoco es menor. Operar una instalación de 500 MW implica una factura anual cercana a los 900 millones de libras en el Reino Unido, muy por encima de los 700 millones en Francia, los 438 millones en España o los 219 millones en Estados Unidos. Esa brecha ya cobró víctimas: OpenAI pausó en abril de 2026 parte de su inversión “Stargate UK”, que contemplaba un centro de datos en el país.

Por qué mirarlo desde México y América Latina

La disputa británica no es ajena a la región. México y varios países latinoamericanos compiten por atraer inversión en centros de datos al calor del nearshoring y de la expansión de la nube. El episodio del Reino Unido ofrece un anticipo de las tensiones que vienen: presión sobre la red eléctrica, consumo de agua en zonas con estrés hídrico y la pregunta política de quién financia la modernización. Que una figura pop como May capitalice ese malestar revela algo más que nostalgia analógica: la ansiedad social ante una IA cuyo costo, cada vez más, se mide en litros y megavatios, no solo en algoritmos.

El exabrupto del guitarrista puede leerse como el berrinche de un rockero incómodo con la modernidad. Pero, despojado del tono, apunta a la conversación que el sector tecnológico aún no resuelve: cómo sostener el crecimiento de la IA sin trasladar su factura, ambiental y económica, a comunidades que no la eligieron.

 

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