México se adelantó al mundo. Cuando el Banco de México puso en marcha el SPEI en 2004, pocos países contaban con un sistema de pagos inmediatos operado por su banco central. Dos décadas después, plataformas que hoy son referentes globales (UPI en India, PIX en Brasil o FedNow en Estados Unidos) llegaron mucho más tarde. Y, sin embargo, la conversación sobre pagos digitales dejó de girar en torno a quién tiene el mejor riel.
Esa es la tesis central de “Pagos inmediatos: la transformación global y su impacto en México”, el estudio con el que Praxis busca abrir una discusión sobre el papel del país en la próxima etapa de la digitalización financiera. “En la revolución de pagos inmediatos en el mundo, la infraestructura ya no es la ventaja competitiva; la ventaja competitiva será el ecosistema construido sobre ella”, resume Julián Méndez, director de cuentas globales de la firma.
Una paradoja mexicana: riel maduro, adopción incompleta
Los números describen una infraestructura robusta. SPEI procesa alrededor de 7 mil millones de operaciones al año (más de 14 millones de transferencias diarias), acredita en menos de 30 segundos y conecta a más de 90 participantes directos. El 94% de esas operaciones corresponde a montos menores a 10 mil pesos, señal de que el sistema ya sostiene buena parte de los pagos cotidianos.
El problema está del otro lado del mostrador. Según el estudio, 85% de las compras menores a 500 pesos todavía se paga en efectivo, y herramientas como CoDi y DiMo enfrentan barreras de confianza, hábito y aceptación comercial. “México ya tiene el riel. El reto está en la adopción, la experiencia y la interoperabilidad”, sostiene el documento. Tener la carretera, en otras palabras, no garantiza que la gente maneje por ella.

Siete mercados, ninguna receta única
El análisis revisa cómo otros países aceleraron el uso, no solo la existencia, del pago inmediato. India masificó UPI con identidad simple, aplicaciones interoperables y códigos QR: hoy procesa cerca de 21 mil 600 millones de transacciones al mes —unos 700 millones diarios—, una escala que llevó al Fondo Monetario Internacional a reconocerlo como el mayor sistema de pagos en tiempo real del mundo.
Brasil diseñó PIX como una experiencia minorista masiva, con llaves, QR y participación obligatoria de los grandes bancos. Colombia empuja Bre-B con interoperabilidad desde el diseño; Perú conectó billeteras y bancos por mandato regulatorio; Estados Unidos moderniza con FedNow en un mercado fragmentado, y Europa convirtió el pago instantáneo de producto opcional en estándar obligatorio.
La lección, insiste Praxis, no es copiar un modelo sino identificar qué capa del ecosistema explica su adopción. Reglas claras, experiencia simple, interoperabilidad y confianza pesan tanto como la tecnología subyacente.

Más allá del consumidor: remesas, nearshoring y empresas
El tema trasciende al pago de la tiendita. México es el segundo receptor de remesas del mundo, solo por detrás de India: en 2024 recibió 64,745 millones de dólares, un máximo histórico, de acuerdo con el Banco de México. En ese flujo, el último tramo puede ser inmediato, pero la fricción persiste en el tipo de cambio, el cumplimiento y los intermediarios.
Algo similar ocurre con el nearshoring, que, refiere el estudio, “no es solo fábricas y logística; también necesita una infraestructura financiera que opere a la velocidad de las cadenas de suministro”. Ahí entran los pagos B2B, la conciliación automatizada y estándares como ISO 20022, que convierten un pago en información estructurada y aprovechable para tesorería, conciliación y sistemas ERP.

La siguiente frontera: datos, IA y programabilidad
Hacia adelante, Praxis ubica la competencia en capas nuevas: Open Finance y APIs que lleven del dato al servicio integrado; inteligencia artificial para detectar fraude en operaciones que se liquidan en segundos, donde el riesgo también corre a esa velocidad, y la tokenización (stablecoins, monedas digitales de banco central y depósitos tokenizados) que agrega programabilidad al dinero.
En el plano transfronterizo, iniciativas como Nexus, que conecta rieles nacionales, y el Project Agorá, que explora una liquidación mayorista multimoneda, dibujan dos caminos distintos hacia pagos internacionales más eficientes.
De sistema de transferencias a ecosistema de pagos
La conclusión del estudio es menos una advertencia que una invitación. “La agenda no es reemplazar SPEI; es multiplicar el valor económico construido sobre él”, plantea Méndez. Para México, el éxito se medirá en menos efectivo, más aceptación comercial, menor fraude y mayor interoperabilidad. O, en la fórmula con la que Praxis cierra su análisis: infraestructura más ecosistema es igual a competitividad económica.

