El nearshoring ha posicionado a México como un destino estratégico para la inversión y el comercio exterior, con exportaciones que alcanzaron los 617 mil 677 millones de dólares en 2025, según datos del Banco de México. Sin embargo, detrás de estas cifras positivas, las pequeñas y medianas empresas (Pymes) exportadoras enfrentan un reto crítico y poco visible: la gestión eficiente de sus pagos y cobros internacionales. Este cuello de botella financiero, relacionado con la lentitud en la liquidación, la opacidad en el tipo de cambio efectivo y la falta de trazabilidad en los flujos monetarios, puede comprometer su rentabilidad y capacidad de crecimiento.
Michel Domínguez Morales, cofundador de Remzy, explica que “para una empresa que exporta, la frontera ya no está sólo en la aduana; también está en su tesorería”. La incertidumbre en los márgenes, generada por procesos manuales, spreads cambiarios poco transparentes y demoras en la recepción de divisas, limita la capacidad de las Pymes para planear inversiones o expandirse con confianza. Este escenario se agrava en un contexto regulatorio más exigente en materia de prevención de lavado de dinero y verificación de identidad, tanto en México como en Estados Unidos.
Velocidad, visibilidad y gobernanza: claves para la competitividad
Según Domínguez, las empresas ya no buscan solo un canal para enviar y recibir pagos, sino una plataforma financiera integral que combine velocidad, visibilidad y gobernanza. La velocidad se refiere a minimizar los tiempos de transferencia y liquidación entre países; la visibilidad, a tener claridad sobre los flujos futuros para planear pagos y coberturas cambiarias; y la gobernanza, a operar bajo un marco regulatorio formal que reduzca riesgos legales o reputacionales.
Cuando una Pyme logra acceder a liquidez inmediata en pesos y dólares, con un tipo de cambio preferencial transparente y herramientas de seguimiento extremo a extremo, su competitividad mejora sustancialmente. Se acortan las brechas entre la entrega del producto y la disponibilidad del dinero, se reduce la exposición a la volatilidad cambiaria y se libera al equipo administrativo para enfocarse en actividades de mayor valor agregado.

De la preocupación por cobrar a la estrategia de crecimiento
Domínguez destaca que el enfoque de soluciones como Remzy es construir una infraestructura binacional que permita a las Pymes operar sin fricciones y cumplir con los requisitos regulatorios de ambos países. “Una empresa que vende a Estados Unidos necesita saber que cada dólar que cobra se traduce en pesos de forma clara y trazable, sin sorpresas ocultas en el tipo de cambio o en las comisiones”, afirma.
Este cambio de paradigma —pasar de preocuparse por cómo llegará el pago a planear cómo utilizar esos flujos para crecer— es fundamental para que México aproveche su ventana histórica como socio estratégico de Estados Unidos. La modernización de la infraestructura de pagos internacionales no solo facilitaría el comercio, sino que permitiría a más Pymes cruzar la frontera financiera y consolidarse en el mercado global.
En conclusión, si el nearshoring ha abierto la puerta a nuevas oportunidades para las empresas mexicanas, es ahora necesario derribar las barreras financieras que impiden a muchas de ellas competir en igualdad de condiciones. La transformación digital de los pagos internacionales se presenta no solo como una necesidad operativa, sino como un habilitador estratégico para el crecimiento exportador de México.
