Autor: Víctor Ruiz, fundador de SILIKN
El crimen digital se ha convertido en una amenaza cada vez más presente en la vida cotidiana de los mexicanos. Fraude electrónico, extorsión, robo de contraseñas, suplantación de identidad y aplicaciones fraudulentas forman parte de un ecosistema criminal que combina herramientas tecnológicas con técnicas de manipulación para obtener dinero, información personal y acceso a cuentas.
El Registro Nacional de Incidentes Cibernéticos (RNIC) registró 92,061 incidentes durante 2025, entre ellos 22,507 casos de cyberbullying, 17,281 de extorsión, 12,415 de fraude electrónico, 8,489 de robo de contraseñas y 4,193 relacionados con suplantación o robo de identidad.
El impacto financiero también resulta significativo. Durante 2025, la CONDUSEF registró 72,873 asuntos relacionados con posible fraude, de los cuales 67,651 correspondieron al sector bancario. En el periodo enero-marzo de 2026, recibió 22,199 reclamaciones, y 37.4% estuvieron relacionadas con un posible fraude.
El nuevo objetivo: la confianza de las personas
La evolución de estas amenazas muestra que los delincuentes no dependen exclusivamente de encontrar vulnerabilidades tecnológicas. Cada vez con mayor frecuencia buscan manipular a las personas para que ellas mismas entreguen información, credenciales, códigos de autenticación o dinero.
Mensajes SMS, aplicaciones de mensajería, llamadas telefónicas, redes sociales y sitios web falsos pueden utilizarse para hacerse pasar por bancos, empresas, plataformas digitales o instituciones legítimas. Los mensajes suelen recurrir a situaciones de urgencia: supuestos cargos, cuentas bloqueadas, pagos rechazados, renovaciones pendientes o promociones especiales.
La combinación de tecnología e ingeniería social convierte ataques aparentemente sencillos en mecanismos capaces de generar consecuencias financieras y de seguridad importantes.
Aplicaciones falsas y sitios apócrifos amplían la superficie de ataque
Las autoridades también han identificado aplicaciones fraudulentas que se presentan como juegos, editores de fotografías, plataformas de entretenimiento, servicios de mensajería, herramientas gratuitas o aplicaciones relacionadas con eventos deportivos.
Una vez instaladas, algunas pueden intentar acceder a información sensible del dispositivo, incluyendo contraseñas, contactos, fotografías y datos financieros, ampliando el impacto potencial más allá de una pérdida económica inmediata.
Al mismo tiempo, las tiendas y plataformas digitales falsas permiten a los delincuentes aprovechar la confianza que generan las marcas y servicios legítimos para obtener pagos o información personal.
Los grandes eventos también se convierten en oportunidades para el fraude
La actividad criminal se adapta rápidamente a las tendencias y acontecimientos que concentran la atención de la población. En el contexto del Mundial de 2026, las autoridades alertaron sobre sitios falsos de hospedaje, ofertas fraudulentas de transporte, paquetes turísticos apócrifos, aplicaciones falsas para visualizar partidos, promociones engañosas y enlaces maliciosos.
La estrategia responde a un patrón conocido: aprovechar momentos de alta demanda, interés o urgencia para aumentar la probabilidad de que una persona haga clic, descargue una aplicación, entregue información o realice un pago.
El problema va más allá del dinero
El crimen digital también implica riesgos relacionados con la exposición y utilización de información personal. Nombres, teléfonos, correos electrónicos, datos bancarios, contraseñas, códigos de verificación, fotografías e información sobre compras pueden utilizarse para construir ataques más convincentes y personalizados.
Por ello, el riesgo puede comenzar antes de que ocurra una transacción, desde el momento en que los delincuentes consiguen recopilar y utilizar datos personales para diseñar un ataque.
México enfrenta además un desafío de denuncia e investigación
La dimensión real del crimen digital no puede reducirse a una sola cifra nacional. El RNIC registra incidentes cibernéticos, CONDUSEF concentra reclamaciones y posibles fraudes financieros y la ENVIPE mide el fenómeno delictivo general mediante encuesta. Cada fuente utiliza diferentes universos y metodologías
La ENVIPE 2026 estimó 33.8 millones de delitos durante 2025 y una cifra oculta general de 93.4%. Este porcentaje no corresponde específicamente a los ciberdelitos, pero evidencia un problema estructural de subdenuncia y dificultades para llevar los casos a las instancias de investigación.
Para el entorno digital, el reto adquiere una dimensión adicional debido a la necesidad de conservar mensajes, registros, comprobantes de pago, datos técnicos y otra evidencia electrónica que puede encontrarse distribuida entre dispositivos, plataformas, instituciones financieras y diferentes jurisdicciones.
El desafío: cerrar la brecha entre tecnología y factor humano
El panorama identificado para 2026 apunta hacia una continuidad de las campañas de suplantación, el uso de mensajería instantánea, aplicaciones fraudulentas, comercio electrónico falso, fraudes de inversión, robo de credenciales y ataques cada vez más personalizados mediante información obtenida previamente.
La respuesta requiere fortalecer simultáneamente las capacidades tecnológicas y el factor humano: educación y cultura de ciberseguridad, protección de datos personales, mecanismos de denuncia accesibles, investigación especializada, preservación de evidencia digital, intercambio de información y coordinación institucional.
El escenario confirma que el crimen digital en México ya no puede entenderse únicamente como una amenaza contra computadoras o sistemas. Es un fenómeno transversal que combina tecnología, fraude y manipulación humana, y cuya evolución exige que ciudadanos, empresas e instituciones desarrollen capacidades para detectar y responder a amenazas antes de que un mensaje aparentemente legítimo termine convirtiéndose en una pérdida financiera, una cuenta comprometida o una exposición de información personal.
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