La huella digital infantil y sus peligros futuros

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Especialistas en ciberseguridad alertan sobre el valor de los datos de los niños para los delincuentes y cómo protegerlos.
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Redaccion

Cuando se habla de ciberseguridad y seguridad digital en el contexto de las infancias, suele abordarse desde dos focos. Desde contenidos inapropiados o inseguros —del tipo que leyes como COPPA buscan regular en EE. UU.—, o sobre cómo gestionar los impactos psicológicos y sociales del uso excesivo de pantallas.

Pero, ESET alerta que hay un punto que suele no profundizarse y es que los menores están expuestos a muchos de los mismos riesgos relacionados con la identidad digital y el uso de datos personales que las personas adultas y destaca la importancia de ayudarlos a entender cómo proteger sus datos y cuentas en línea desde una edad temprana.

La larga vida útil del fraude de identidad infantil

Los pequeños, como nativos digitales, pueden tener credenciales de acceso a cuentas escolares, perfiles de juego, fotos en la nube, historiales de salud y cuentas en diversas apps. Todo esto contiene datos potencialmente valiosos para los ladrones de identidad, debido a que la información es un objetivo atractivo porque, desde el punto de vista del fraude, tiene una vida útil larga.

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Esto significa que, si es robada y utilizada por un estafador para abrir una nueva línea de crédito, es poco probable que la víctima lo descubra hasta que solicite su primer préstamo, muchos años después. Además, tendrá un historial crediticio limpio, lo que hace que la solicitud fraudulenta probablemente pase sin ser detectada; los ciberdelincuentes pueden usar estos datos tal cual o combinarlos con información falsa para crear identidades sintéticas.

Casos reales y estadísticas del entorno digital

Estos no son riesgos teóricos. Un informe cuenta la historia de la profesional de riesgo y cumplimiento Renata Galvão, cuya identidad fue robada a los seis años y utilizada para generar deudas que superaban los 400,000 dólares. Según se informa, le llevó más de dos décadas limpiar su nombre y recuperar su calificación crediticia, mientras que en otro caso, Axton Betz-Hamilton tenía 11 años cuando robaron su identidad y la usaron para acumular miles de dólares en deudas de tarjetas de crédito impagas, descubriéndolo recién al intentar contratar su primer servicio básico al ingresar a la universidad.

Los datos actuales son escasos, pero la FTC afirma que el robo de identidad infantil aumentó un 40% entre 2021 y 2024. Los menores pueden ser lo suficientemente hábiles en lo digital como para crear cuentas, pero no siempre son conscientes de la seguridad. Es más probable que caigan en un phishing, especialmente si parece provenir de una autoridad o amigo de confianza.

Los riesgos del sharenting y el uso de nuevas tecnologías

Ofertas demasiado buenas para ser verdad, cuestionarios aparentemente inofensivos y anuncios que apelan al miedo a perderse algo (FOMO) tienen más probabilidades de funcionar con un adolescente que con un adulto escéptico. Los niños también son más propensos a descargar malware sin darse cuenta o a compartir contraseñas e información personal con sus pares, aumentando el riesgo.

Una investigación de la Universidad de Southampton del año pasado reveló que casi la mitad (45%) de los padres comparte regularmente información sobre sus hijos en línea. Este sharenting aumenta el riesgo de que esos datos caigan en manos de estafadores, sumado a que aproximadamente uno de cada seis niños ya ha experimentado algún tipo de daño digital, como ciberacoso, filtraciones de privacidad o uso indebido de identidad.

Vulnerabilidades en plataformas y recomendaciones de seguridad

También existe un riesgo creciente de que proveedores de tecnología educativa, plataformas escolares, servicios de juegos, fabricantes de juguetes inteligentes, redes sociales y otras empresas encargadas de los datos de los menores sufran filtraciones. La organización sin fines de lucro Identity Theft Resource Center (ITRC) registró 3,322 brechas de datos en EE. UU. el año pasado —un máximo histórico y un aumento del 79% respecto de hace cinco años—.

Casi 279 millones de víctimas tuvieron sus datos expuestos, con los sectores de salud y educación entre los más afectados. La proliferación de aplicaciones de IA también representa un riesgo de privacidad, pues los más pequeños pueden utilizarlas sin comprender que están compartiendo información sensible que podría terminar en manos equivocadas si el proveedor sufre un incidente.

 

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