En el marco del mes de la mujer y el reciente Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, México celebra el creciente interés de las mujeres en disciplinas STEM.
Sin embargo, el reto ya no es solo sumar talento: es evitar que sus innovaciones se queden sin protección, sin inversión y sin llegada al mercado.
Los números del talento frente a la propiedad industrial
ClarkeModet, firma referente en protección de activos intangibles, advierte sobre una “brecha invisible”: la distancia entre participar en ciencia y tecnología, y lograr proteger y monetizar esa innovación mediante estrategias de Propiedad Intelectual (PI).

Cuando una idea no se protege a tiempo, el país pierde competitividad, las inventoras pierden poder de negociación y el mercado pierde soluciones.
El panorama de las patentes a nivel global y local
Aunque las mujeres ya representan casi la mitad de los graduados de educación superior a nivel global, la UNESCO advierte que solo una de cada tres investigadores en el mundo es mujer. La brecha se amplifica cuando la conversación se mueve de la academia al mercado.

En la vía internacional PCT, las mujeres representaron solo 17.7% de las personas inventoras listadas en 2023. Al ritmo actual, la paridad en este ámbito no llegaría sino hasta el año 2077.
La situación estructural en el ecosistema mexicano
En México, solo alrededor de 14% de las solicitudes de patente presentadas ante el IMPI han sido realizadas exclusivamente por mujeres, según datos y estimaciones del propio instituto. En contraste, la participación femenina es mayor en otros instrumentos como las marcas.
“México no puede darse el lujo de dejar innovación sobre la mesa. La Propiedad Intelectual no es un trámite: es el puente para que una idea salga del laboratorio, atraiga inversión y genere ingresos”, señaló Lorena Rodríguez, Regional Managing Director de ClarkeModet.
Recomendaciones para fortalecer la innovación protegida
Muchas inventoras enfrentan barreras como la falta de información práctica sobre PI, costos percibidos como inaccesibles y poca estructura de transferencia tecnológica en universidades y startups. Proteger una invención convierte el conocimiento en un activo y atrae capital.
Para cerrar esta brecha, se recomienda no publicar antes de proteger, documentar la innovación desde el primer día, buscar aliados que entiendan la ruta de monetización y vivir la PI como una estrategia de negocio.
