El informe Global Cybersecurity Outlook 2026 del WEF revela una brecha crítica: mientras en EE. UU. y Europa la confianza en la respuesta ante ataques promedia el 84%, en Latinoamérica y el Caribe apenas alcanza el 13%. Manuel Peláez, CEO de Servinformación, analiza los desafíos estructurales que trascienden lo digital para impactar la continuidad y la rentabilidad de las compañías.
La ciberseguridad en 2026 ha dejado de ser una métrica técnica para convertirse en el pilar de la estabilidad organizacional. Tras la publicación del informe del Foro Económico Mundial, la comunidad técnica ha puesto la lupa sobre Latinoamérica y el Caribe, una región donde la fragilidad de las infraestructuras está dictando una nueva realidad.
Evolución del fraude sistémico y la inteligencia artificial
Para Manuel Peláez, el panorama actual exige una visión que vaya más allá del software, identificando retos que amenazan la permanencia misma de las organizaciones en el ecosistema digital. El paradigma del riesgo ha mutado drásticamente, situando al fraude cibernético y al phishing como la mayor amenaza según el 77% de los líderes globales.

El 87% de los expertos advierte que la IA generativa es el riesgo de más rápido crecimiento debido a su capacidad para automatizar el engaño a gran escala. Peláez afirma que estamos ante una industria que busca suplantar identidades de forma silenciosa, requiriendo el uso de IA defensiva para reducir los tiempos de detección.
El impacto de la ciber inequidad en el talento humano
El informe introduce el concepto de ciber-inequidad, señalando que el 85% de las organizaciones con baja resiliencia atribuyen su estado a la falta de talento especializado. En Latinoamérica y el Caribe, el 69% de las empresas admite que su mayor debilidad es la falta de habilidades técnicas frente a mercados líderes.

Desde la óptica de Peláez, esta carencia de expertos es un riesgo operativo que se traduce en fragilidad institucional. La brecha de talento genera una deuda técnica que termina por degradar la calidad del servicio y puede escalar a una crisis de continuidad financiera.
Soberanía jurídica y resiliencia para el futuro organizacional
El hallazgo más alarmante es la disparidad en la percepción de seguridad, pues en la región la confianza ante ataques a infraestructura crítica se desploma drásticamente frente a mercados desarrollados. Peláez sostiene que la clave reside en la exigencia de normatividades locales robustas más que en la ubicación física de los datos.
Lo que la región requiere es una soberanía jurídica que proteja la estabilidad de las organizaciones y eleve el nivel de protección de la economía nacional. En 2026, la resiliencia digital se consolida como el activo más importante para cualquier institución que busque la sostenibilidad en el tiempo.
